POEMA II

 

Cansado de odiar, te amo,
ya que lo afirmo,
el avaro se roba a sí mismo,
traigo al Universo mismo.

El que no encuentra un biógrafo ha de forjarse la vida él mismo,
aquella es yo mismo,
y el hecho de que te amo,
que otros pensamientos me sustraigan a mí mismo.

No puedo salir de mí,
para ver si la amo,
no existes por ti,
afortunado el hombre que se ríe de sí mismo.

Que centellean como mi alma cuando te amo,
quien escribe tu nombre con letras de humo,
el hombre más poderoso es aquel que es totalmente, dueño de sí mismo,
entonces se le llama heroísmo.

Yo te libé la luz de la mejilla,
mi frasco de materia ligada a su costilla,
con huellas de sirena, la doncella,
para que nunca germine en los campos de la blanca semilla.

Te me mueres de casta y de sencilla,
el árbol poderoso comienza en la semilla,
recuerdo, mientras mi música me arrulla,
me retiro de la ventana y me siento en una silla.

La desarrollé sobre trozos de papel tamaño cuartilla,
quien necio es en su villa, necio es en Castilla,
pena es mi paz y pena mi batalla,
grita desde la red hasta la quilla.

Cuando cae la estrella,
no es probable que tropiece con ella,
la desesperación de la sangre la fe en el barro de la doncella,
y el hombre surgía de ella.

El libro es una voz viviente,
dentro de su cabeza yacente,
acarician la frente,
fuera del mar el oleaje de aceite.

Los obstáculos son productos de nuestra propia mente,
durante cierto tiempo puede uno estar alegre interiormente,
cuál de los dos se halla ausente,
las paredes ya no se dan frente.

El amigo está presente,
desde que estoy ausente,
pues haré hasta lo imposible, para que me dejes amarte,
despierta, estoy yo aquí, levántate.

En primavera ornamentamos nuestra frente,
ejemplo y aviso de lo presente,
pálido y amarrado a mi agua desbordante,
ni el sol ni la muerte pueden ser mirados fijamente.

- Gianella Jiménez


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